El bledo
3, 16 de 2005-11-16 de 2005
Por fin me he decidido a hacerme un blog. Llevaba unos meses jugando con la idea de hacerlo, y por fin he dado el paso. No sé por qué tengo la necesidad de hacerlo, pero la tengo. No está bien negarle al cuerpo lo que te pide si dárselo es tan fácil, tan seguro y tan barato. Así que... aquí está el Bledo. Está aquí desde ayer, que lo creé.
Por fin me he decidido a hacerme un blog. Llevaba unos meses jugando con la idea de hacerlo, y por fin he dado el paso. No sé por qué tengo la necesidad de hacerlo, pero la tengo. No está bien negarle al cuerpo lo que te pide si dárselo es tan fácil, tan seguro y tan barato. Así que... aquí está el Bledo. Está aquí desde ayer, que lo creé.
El lector se habrá percatado de que ya hay un artículo escrito antes que este, uno titulado "Alicia". Este artículo que estás leyendo debería haber sido el primero (una presentación, una declaración de intenciones, un "esto es lo que hay"...), pero ha sucedido algo extraño que aún he de aclarar. Un tal Crimson, de alguna manera, ha conseguido la contraseña para meterse en MI blog y se me ha adelantado. Me descuidé un momento y, cuando volví, me encontré con su artículo. Resulta perturbador (muy perturbador) que te pasen estas cosas, y a mí me pasan muy a menudo. Últimamente, demasiado a menudo. Espero poder aclarar este asunto cuanto antes, o me volveré loco.
Volviendo a la presentación de El Bledo: ¿por qué estoy escribiendo esto? ¿Qué parte de mi cerebro se habrá cortocircuitado para que, de repente, me hayan entrado ganas de escribir un blog? ¿Por qué soy tan engreído que me creo que tengo algo interesante que contar? ¿Realmente tengo algo interesante que contar? Estimado y valeroso lector, si sigues leyendo, te prometo que te voy a contar suficientes cosas interesantes como para que desees volver a por más. Cien por cien garantizado.
Mentir es gratis.
De hecho, mentir es necesario. Esta teoría no es mía, es de un genio llamado Hernán Casciari. Casciari escribe (¡vaya si escribe!) un blog del que me he vuelto tan adicto como me gustaría que tú te volvieras del mío. Casciari dice que para ser un escritor hay que reunir las siguientes condiciones: tener algo interesante que contar, contarlo bien y mentir. Los dos primeros requisitos son más o menos clásicos. El primero (el tema interesante) depende de la capacidad del escritor para darse cuenta de las cosas. Es lo que se llama "la mirada del escritor". Se puede tener esa mirada de forma natural, innata, pero también puede entrenarse. Yo no paro de entrenar. Estoy listo para salir al campo y darlo todo, entrenador. El segundo requisito (contar bien las cosas) es más o menos fácil. Hay millones de talleres literarios (cursos, libros, páginas web, foros, etc.) con millones de técnicas y trucos. Igual que el primer requisito, puedes poseer esta habilidad de manera natural, pero ésta sí que es sencilla de entrenar. Total, no pretendo ser García Márquez; me basta con jugar en tercera regional. El tercer requisito: hay que mentir.
Este requisito se merece un párrafo para él sólo. La mentira, ay, la mentira. La mentira es la gran incomprendida. Todo el mundo sabe que mentir es malo. Caca. Pecado. La culpa de la mala fama de la mentira es de Cristo y de sus seguidores, pero ya explicaré esta teoría en otro artículo. Igual que (o "gracias a") Casciari, creo que mentir no sólo es una cosa buena, sino una cosa necesaria. Pero ojo: no vale cualquier mentira. La mentira ha de ser generosa. La mentira debe servir para entretener, divertir, conmocionar, enriquecer y/o emocionar al que la escucha, no para satisfacer al mentiroso.
Te voy a mentir. El que avisa no es traidor. Prometo hacerlo lo mejor que sepa, y prometo hacerlo para ti, con el único fin de que tú disfrutes. Me parece una buena declaración de intenciones, y me importa un bledo que no te guste que te mientan. Estás resentid@ con las mentiras porque has sufrido demasiadas malas experiencias con demasiadas malas mentiras. Aún no lo sabes, pero necesitas que te mientan, necesitas mentiras de buena calidad.
Me importa un bledo que no vuelvas a leer este blog. Me importa un bledo que no lo añadas a tus "favoritos" o a tus "marcadores". Me importa un bledo.
Por fin me he decidido a hacerme un blog. Llevaba unos meses jugando con la idea de hacerlo, y por fin he dado el paso. No sé por qué tengo la necesidad de hacerlo, pero la tengo. No está bien negarle al cuerpo lo que te pide si dárselo es tan fácil, tan seguro y tan barato. Así que... aquí está el Bledo. Está aquí desde ayer, que lo creé.
El lector se habrá percatado de que ya hay un artículo escrito antes que este, uno titulado "Alicia". Este artículo que estás leyendo debería haber sido el primero (una presentación, una declaración de intenciones, un "esto es lo que hay"...), pero ha sucedido algo extraño que aún he de aclarar. Un tal Crimson, de alguna manera, ha conseguido la contraseña para meterse en MI blog y se me ha adelantado. Me descuidé un momento y, cuando volví, me encontré con su artículo. Resulta perturbador (muy perturbador) que te pasen estas cosas, y a mí me pasan muy a menudo. Últimamente, demasiado a menudo. Espero poder aclarar este asunto cuanto antes, o me volveré loco.
Volviendo a la presentación de El Bledo: ¿por qué estoy escribiendo esto? ¿Qué parte de mi cerebro se habrá cortocircuitado para que, de repente, me hayan entrado ganas de escribir un blog? ¿Por qué soy tan engreído que me creo que tengo algo interesante que contar? ¿Realmente tengo algo interesante que contar? Estimado y valeroso lector, si sigues leyendo, te prometo que te voy a contar suficientes cosas interesantes como para que desees volver a por más. Cien por cien garantizado.
Mentir es gratis.
De hecho, mentir es necesario. Esta teoría no es mía, es de un genio llamado Hernán Casciari. Casciari escribe (¡vaya si escribe!) un blog del que me he vuelto tan adicto como me gustaría que tú te volvieras del mío. Casciari dice que para ser un escritor hay que reunir las siguientes condiciones: tener algo interesante que contar, contarlo bien y mentir. Los dos primeros requisitos son más o menos clásicos. El primero (el tema interesante) depende de la capacidad del escritor para darse cuenta de las cosas. Es lo que se llama "la mirada del escritor". Se puede tener esa mirada de forma natural, innata, pero también puede entrenarse. Yo no paro de entrenar. Estoy listo para salir al campo y darlo todo, entrenador. El segundo requisito (contar bien las cosas) es más o menos fácil. Hay millones de talleres literarios (cursos, libros, páginas web, foros, etc.) con millones de técnicas y trucos. Igual que el primer requisito, puedes poseer esta habilidad de manera natural, pero ésta sí que es sencilla de entrenar. Total, no pretendo ser García Márquez; me basta con jugar en tercera regional. El tercer requisito: hay que mentir.
Este requisito se merece un párrafo para él sólo. La mentira, ay, la mentira. La mentira es la gran incomprendida. Todo el mundo sabe que mentir es malo. Caca. Pecado. La culpa de la mala fama de la mentira es de Cristo y de sus seguidores, pero ya explicaré esta teoría en otro artículo. Igual que (o "gracias a") Casciari, creo que mentir no sólo es una cosa buena, sino una cosa necesaria. Pero ojo: no vale cualquier mentira. La mentira ha de ser generosa. La mentira debe servir para entretener, divertir, conmocionar, enriquecer y/o emocionar al que la escucha, no para satisfacer al mentiroso.
Te voy a mentir. El que avisa no es traidor. Prometo hacerlo lo mejor que sepa, y prometo hacerlo para ti, con el único fin de que tú disfrutes. Me parece una buena declaración de intenciones, y me importa un bledo que no te guste que te mientan. Estás resentid@ con las mentiras porque has sufrido demasiadas malas experiencias con demasiadas malas mentiras. Aún no lo sabes, pero necesitas que te mientan, necesitas mentiras de buena calidad.
Me importa un bledo que no vuelvas a leer este blog. Me importa un bledo que no lo añadas a tus "favoritos" o a tus "marcadores". Me importa un bledo.
Esto es kafkiano. Dime cómo has conseguido postear esto.
Ya lo sabes. Deja de sospecharlo.
Ya lo sabes.