Ira furor brevis est
7, 23 de 2005-11-23 de 2005
Siempre quise escribir algo con este título. "La furia es una locura breve". En realidad no significa nada, y no sé si lo que estoy escribiendo terminará refiriéndose en algo al título.
Siempre quise escribir algo con este título. "La furia es una locura breve". En realidad no significa nada, y no sé si lo que estoy escribiendo terminará refiriéndose en algo al título.
Pero es que me encanta el latín. Podría leerlo durante horas, y les prometo que sé latín. Es decir, sé leer latín, y con mi diccionario a mano, no tengo miedo a ningún texto latino. Cicerón, Plutarco, Ovidio, Virgilio, Juvenal, Salustio, Flavio Josefo, Julio César... he leído decenas de textos de estos autores, saboreando la magia de un idioma elegante, sonoro, primordial y extrañamente vivo todavía, en virtud de los muchos retoños que crecieron a su sombra.
Esta cita, en concreto, es de un tebeo de Astérix y Obélix.
Cuando lo leí, los comics todavía se llamaban tebeos, y si eras algo mayor de doce años, tenías que leerlos a escondidas. Conque nada te digo de adulto, como los leía el hijo de mi vecina de enfrente, Pilar, que era un tipo hecho y derecho (o eso me parecía a mí a los diez años, cuando él tendría unos veintidós) y leía, no, devoraba, tebeos de Corto Maltés, Astérix, Tintín, Will Eisner, Milo Manara, Moebius... un gran tipo. Quique, se llamaba (y se llama), aunque supongo que ahora se llamará Enrique. O don Enrique.
Ahora, los comics, que ya no se llaman tebeos sino comics, o comix, o cómics, o novelas gráficas, son parte de lo que se da en llamar Cultura Pop, y son algo terriblemente serio, que se enseña hasta en las universidades. Para lo único que ha servido esto es para que los tebeos sean carísimos, se editen casi en rústica como los clásicos de la literatura con mayúsculas, y uno pueda tenerlos en las estanterías como quien tiene una edición de doscientos euros del Quijote: para hacer bonito. O contracultural. O alternativo. O guay. ¿Llegará el día en que la gente hablará sobre comics sin haberlos leído nunca? Quiero decir, ¿llegarán a ser tan socialmente aceptados como cultura que ni siquiera haga falta leerlos para que todo el mundo acepte haberlos leído?
Tengo veintinueve tebeos de Astérix en casa. Más de cien de Mortadelo y Filemón. Ejemplares de Tintín, de Fanhunter, de la Liga de los Hombres Extraordinarios, novelas gráficas de nombres contundentes ("Watchmen", "V de Vendetta", "From Hell", "Maus"), recopilaciones de tebeos españoles antiguos, tomos de Blacksad, de Sin City, algunas obras sueltas de Frank Miller, unos cuantos cientos de tebeos de superhéroes americanos, recopilatorios de Calvin & Hobbes y Snoopy y Mafalda y Quino... Hasta ahora, mi novia Bego nunca los había mirado, pero fue leer "Apocalípticos e integrados", de Eco, y mis tebeos pasaron a llamarse cómics, y de ser candidatos a la muerte basuril en la próxima mudanza, ocupan ahora un lugar destacado en las tres estanterías de nuestro dormitorio.
Es un cambio espectacular, al menos para mí. Entiéndanlo, mi novia consideraba mis tebeos como ese cordón umbilical que me ataba a la adolescencia, y claro, mi nueva etapa como adulto responsable comprendía el deshacerme discretamente de ellos arrojándolos al contenedor azul de reciclado de papel. Para mi novia, mis comics de Milo Manara eran una guarrada, los de Mortadelo una infantilada, mi Watchmen una manera estupenda de tirar al inodoro treinta euros... Un día, sus amigas usaron uno de mis Spiderman como posavasos para las tazas de té. Otro día, le dejó mi novela gráfica de "The last hero", en inglés y ¡autografiada por Terry! a uno de los hijos de su prima, para que se entretuviera. Y no cuento las veces que he tenido que rescatar algunos de mis tebeos del cubo de la basura, por haberlo dejado descuidadamente en el baño o en la mesa del salón.
Y ahora... pues mi novia ha visto la tele, ha leído unos cuantos libros de semiótica que tengo por casa, y le ha dado el ataque devorador de comics. Me da miedo, porque está leyéndoselos a una velocidad digna de mérito. Me da miedo, porque pronto va a saber más que yo de comics, y porque ya ha ido a la tienda donde los compro, y ha conocido a Edu, mi librero de confianza de toda la vida. Me da miedo, porque al final lo que va a ir a la basura es mi colección de películas de Buster Keaton en VHS, para dejar sitio a los cómics. Me da miedo, porque se está metiendo en la única afición solitaria que me quedaba, en mi parcela de exclusividad, en mi espacio.
Y desde hace unos días, rezo fervientementea los dioses de la masculinidad para que la furia comiquera que le ha dado desde hace unas semanas, sea una locura breve.
Siempre quise escribir algo con este título. "La furia es una locura breve". En realidad no significa nada, y no sé si lo que estoy escribiendo terminará refiriéndose en algo al título.
Pero es que me encanta el latín. Podría leerlo durante horas, y les prometo que sé latín. Es decir, sé leer latín, y con mi diccionario a mano, no tengo miedo a ningún texto latino. Cicerón, Plutarco, Ovidio, Virgilio, Juvenal, Salustio, Flavio Josefo, Julio César... he leído decenas de textos de estos autores, saboreando la magia de un idioma elegante, sonoro, primordial y extrañamente vivo todavía, en virtud de los muchos retoños que crecieron a su sombra.
Esta cita, en concreto, es de un tebeo de Astérix y Obélix.
Cuando lo leí, los comics todavía se llamaban tebeos, y si eras algo mayor de doce años, tenías que leerlos a escondidas. Conque nada te digo de adulto, como los leía el hijo de mi vecina de enfrente, Pilar, que era un tipo hecho y derecho (o eso me parecía a mí a los diez años, cuando él tendría unos veintidós) y leía, no, devoraba, tebeos de Corto Maltés, Astérix, Tintín, Will Eisner, Milo Manara, Moebius... un gran tipo. Quique, se llamaba (y se llama), aunque supongo que ahora se llamará Enrique. O don Enrique.
Ahora, los comics, que ya no se llaman tebeos sino comics, o comix, o cómics, o novelas gráficas, son parte de lo que se da en llamar Cultura Pop, y son algo terriblemente serio, que se enseña hasta en las universidades. Para lo único que ha servido esto es para que los tebeos sean carísimos, se editen casi en rústica como los clásicos de la literatura con mayúsculas, y uno pueda tenerlos en las estanterías como quien tiene una edición de doscientos euros del Quijote: para hacer bonito. O contracultural. O alternativo. O guay. ¿Llegará el día en que la gente hablará sobre comics sin haberlos leído nunca? Quiero decir, ¿llegarán a ser tan socialmente aceptados como cultura que ni siquiera haga falta leerlos para que todo el mundo acepte haberlos leído?
Tengo veintinueve tebeos de Astérix en casa. Más de cien de Mortadelo y Filemón. Ejemplares de Tintín, de Fanhunter, de la Liga de los Hombres Extraordinarios, novelas gráficas de nombres contundentes ("Watchmen", "V de Vendetta", "From Hell", "Maus"), recopilaciones de tebeos españoles antiguos, tomos de Blacksad, de Sin City, algunas obras sueltas de Frank Miller, unos cuantos cientos de tebeos de superhéroes americanos, recopilatorios de Calvin & Hobbes y Snoopy y Mafalda y Quino... Hasta ahora, mi novia Bego nunca los había mirado, pero fue leer "Apocalípticos e integrados", de Eco, y mis tebeos pasaron a llamarse cómics, y de ser candidatos a la muerte basuril en la próxima mudanza, ocupan ahora un lugar destacado en las tres estanterías de nuestro dormitorio.
Es un cambio espectacular, al menos para mí. Entiéndanlo, mi novia consideraba mis tebeos como ese cordón umbilical que me ataba a la adolescencia, y claro, mi nueva etapa como adulto responsable comprendía el deshacerme discretamente de ellos arrojándolos al contenedor azul de reciclado de papel. Para mi novia, mis comics de Milo Manara eran una guarrada, los de Mortadelo una infantilada, mi Watchmen una manera estupenda de tirar al inodoro treinta euros... Un día, sus amigas usaron uno de mis Spiderman como posavasos para las tazas de té. Otro día, le dejó mi novela gráfica de "The last hero", en inglés y ¡autografiada por Terry! a uno de los hijos de su prima, para que se entretuviera. Y no cuento las veces que he tenido que rescatar algunos de mis tebeos del cubo de la basura, por haberlo dejado descuidadamente en el baño o en la mesa del salón.
Y ahora... pues mi novia ha visto la tele, ha leído unos cuantos libros de semiótica que tengo por casa, y le ha dado el ataque devorador de comics. Me da miedo, porque está leyéndoselos a una velocidad digna de mérito. Me da miedo, porque pronto va a saber más que yo de comics, y porque ya ha ido a la tienda donde los compro, y ha conocido a Edu, mi librero de confianza de toda la vida. Me da miedo, porque al final lo que va a ir a la basura es mi colección de películas de Buster Keaton en VHS, para dejar sitio a los cómics. Me da miedo, porque se está metiendo en la única afición solitaria que me quedaba, en mi parcela de exclusividad, en mi espacio.
Y desde hace unos días, rezo fervientementea los dioses de la masculinidad para que la furia comiquera que le ha dado desde hace unas semanas, sea una locura breve.
...sé leer latín, y con mi diccionario a mano, no tengo miedo a ningún texto latino. Cicerón, Plutarco, Ovidio, Virgilio, Juvenal, Salustio, Flavio Josefo, Julio César (...) Esta cita, en concreto, es de un tebeo de Astérix y Obélix.
Me he partido de la risa. Me gusta como escribes. Además, me caes bien (contrariamente a lo que podría esperarse, mirando atrás).
¿Semiótica? ¿Qué significa esa palabra?
Por cierto, se te ha olvidado mencionar entre los damnificados al Daredevil Nº 19 de Forum (el de la portada en blanco, con DD en posición fetal gritando "basta") que tu madre usó para apuntar un recado.
Otro "por cierto": enterré la novela gráfica "La Saga del Oso Místico" de Bill Sienkiewicz (la de los Nuevos Mutantes) en el parque, justo debajo del álamo. No quería que NADIE la tocase. Aún hoy tengo tentaciones de ir y desenterrarlo, pero... bueno, esa parte de mi vida pasó, y es mejor dejarla enterrada. Ahora que sé que existes, quizá no estés del todo de acuerdo. Tú mismo.
PD: tranquilo, la novela está envuelta en quince bolsas de plástico y metida en una caja hermética de zinc (sellada con super-glue). Sí, enterré el cómic, pero lo enterré para siempre.
¿En qué parque lo hiciste? No es por nada, sólo para echarle un vistazo al álamo... :)
En el parque de la tejera. Hay una alameda pequeña abajo, en la rivera del arroyo grande. No te voy a decir debajo de qué álamo lo enterré, pero estoy seguro de que Crimson sabe cuál es.
Joder, yo tenía esos cómix, los que editaban mensualmente. Luego, creo, los editaron todos juntos con tapas duras. Recuerdo que el tal Swinenkewitz (o como se escriba) no me gustaba NADA al principio, pero me encantaba el aspecto gráfico del personaje de Warlock, así que seguí comprándomelos (bueno, me los compraba mi abuela, que vivía en Madrid y tenía kioskos cerca; en mi pueblo no los vendían).
Sí, Sienkiewicz era un tipo raro. Creo recordar que pintaba las viñetas directamente, con pintura acrílica. Aquello era casi una revolución en el mundo de los cómix de súper-héroes. Lo normal era que el dibujante lo dibujaba todo a lápiz, luego el entintador pasaba los dibujos a tinta y finalmente el colorista ponía el color. Sienkiewicz lo hacía al revés, o directamente se saltaba los dos primeros pasos. Aún no entiendo cómo fue posible que en la Marvel le dejaran hacer aquello, que era de todo menos comercial. En fin, cosas de la vida.
Bill Watterson, de "Calvin & Hobbes", dibuja los personajes a lápiz, los entinta con una pluma de cuervo (cierto como la propia vida) y los pinta él mismo con acuarelas.
Por un original de este tipo daría un año entero de mi vida.
Ahora me explico cierto post de cierto foro.
Los comics son para niños.
O eso quisiera pensar, porque a estas alturas he tenido que dejar de comprar comics si quería seguir teniendo dinero en el banco.
Leches! La última vez que visité una tienda de comics me dejé 90 Euros y mi novia me miraba con una cara ... claro, yo diciéndole aquello de: Es que están en oferta, llevaba muchos años tras la serie, es realmente buena.
No me arrepiento, al fin y al cabo ahora tengo la colección casi completa de "Predicador", pero a veces me pregunto en qué hubiera invertido aquellos 90 Euros.
También me llevé "Madman comics, por lo que cuando doy con algo en lo que podría haber gastado el dinero, siempre termino pensando que hice bien en gastarlo allí.
En fin, que es un vicio caro. Será por lo que dices aquí o porque, como nos dicen las editoriales, el precio del papel no para de subir.
Sea lo que sea lo que suba el precio de los comics ha logrado unirse a una oferta que no me llegaba a atraer suficiente y dejé de ser un fanboy.
Buen escrito, por cierto.
PD: Alguien ha encontrado mi Watchmen? Es que no lo encuentro ...
Nemo, no le des más vueltas: los cómix son para niños, para inadaptados, para sociópatas necesitados del sentido de pertenencia y para personas inexistentes. Yo me dí cuenta cuando era niño; tú te diste cuenta cuando te diste cuenta. Nunca es tarde.
Estoy de acuerdo, da gusto no existir para el mundo mientras estás leyendo algo interesante :)