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El Bledo

1.- Planta de la familia de las quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos tres decímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos auxiliares. 2.- Cosa insignificante, de poco o ningún valor

CONFESIÓN

11, 07 de 2005-12-07 de 2005
El tribunal guardó un silencio de osario cuando entré en la sala. Sentí todas las cabezas girándose hacia mí con un mudo reproche, reprimiendo apenas una punzada de miedo. Podía palpar su odio, su rencor, su furiosa e incontrolada ira a punto de estallar.


El tribunal guardó un silencio de osario cuando entré en la sala. Sentí todas las cabezas girándose hacia mí con un mudo reproche, reprimiendo apenas una punzada de miedo. Podía palpar su odio, su rencor, su furiosa e incontrolada ira a punto de estallar.

Me senté encogido por el terror que me inspiraba todo lo que me rodeaba, la sensación de culpabilidad inminente, el remordimiento que sentía. La confesión que iba a realizar, sin duda provocaría sentimientos de venganza más que de perdón, pero aún así, no podía callar. Las palabras acudían a mi boca, y tenía que decirlas al fin, ante la mirada severa del juez.

Necesitaba un vaso de agua. Amablemente, extrañamente amable, el alguacil me señaló en silencio el recipiente que estaba frente a mí. Con una estudiada lentitud me llevé el vaso a la boca y bebí, mientras escrutaba con una mezcla de horror y miedo a los presentes. El silencio sepulcral seguía reinando en la sala. Iba a comenzar mi alocución, en la que debía de confesar mis crímenes.

Y lo conté todo, cómo despedazaba a mis víctimas, cómo asaba sus trozos en mi cocina, cómo los devoraba con un hambre inimaginable. No ahorré detalles, desde el crujido suave de su cuello al romperse hasta el aroma salado y acre de la sangre caliente. Incluso me permití la frivolidad de desgranar una o dos recetas.

Ahora, el silencio era ominoso, pesado, asfixiante como una manta demasiado gruesa.

Los ojos de cada uno de los presentes se clavaban en mi nuca, estiletes empuñados por un verdugo... no había duda, mi sentencia era de muerte. Cuando el juez abrió la boca, cacareó, y todos los pollos que me juzgaban me encontraron culpable y me condenaron a morir a picotazos.

Comentarios

  1. Ashep dice:

    El juez abriría el pico, digo yo...

  2. Talban dice:

    No veas lo que me jode ese tipo de elementos, siempre tan gallitos...

  3. Crimson dice:

    Abrió la boca. Quería mantener la intriga hasta el final, joé. Sois mis peores críticos. Ahora solo falta la tal Rosa (véase "Animal de Compañía") para decir que esto solo pasa en mi calenturiente mente de zoofílico.

    Cosas veredes...

  4. Vermilion dice:

    Eso. ¡No seas tan crítico con Crimson, Ashep! Ya te gustaría a ti dominar el arte del giro argumental como Crimson. A mí también me resulta dificilísimo hacer giros argumentales, porque para hacerlos hay que tener pensado el texto antes de escribirlo, y hay que dedicar todos los esfuerzos a crear el ambiente (o la historia) de manera que luego, al final, el giro sea como tiene que ser: sorprendente.

  5. Ashep dice:

    A eso me refería yo, hombre. A ver, me explico: los viernes por la tarde sale J.J. Millás en La Ventana de la cadena SER. Cada viernes propone un tema y a la semana siguiente lee los relatos que más le han gustado y los comenta. Muchos de ellos son buenísimos pero, como suele decir Millás, no acaban donde tienen que acabar.

    Si el relato de Crimson hubiera terminado con un: "Cuando el juez abrió el pico, cacareó y me condenó a morir a picotazos" el efecto del giro argumental habría sido más rotundo.

  6. Vermilion dice:

    Bueno, en eso tengo que estar de acuerdo contigo. No creo que a Crimson le moleste que le digas esas cosas. Sé de buena tinta que agradece las críticas constructivas.

  7. Ashep dice:

    Hombre, he leído todo lo que ha escrito aquí y me resulta muy difícil encontrar cosas que criticar. No te mosquees, Vermilion, pero es más fácil criticarte a ti. De buen rollo, ¿eh?

  8. Vermilion dice:

    ¡Pues hazlo! De hecho, os pido a todos los que estéis leyendo esto que lo hagáis. Criticadme. Ya veré yo si os hago caso, después. Pero criticadme.

  9. Ashep dice:

    Vale: eso que escribiste el otro día y que borraste a las pocas horas (lo de la empatía) era una mierda pinchada en un palo. Créeme, es la crítica más constructiva que se me ocurre.

  10. Vermilion dice:

    Por eso lo borré. ¿Ves? Las críticas constructivas, aunque sean a posteriori, funcionan. ;-)

  11. Crimson dice:

    Eso es cierto. Si no quisiera que me criticasen, no escribiría en un blog. Soy el campeón de la autosuficiencia.

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