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El Bledo

1.- Planta de la familia de las quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos tres decímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos auxiliares. 2.- Cosa insignificante, de poco o ningún valor

Abre los ojos

3, 13 de 2005-12-13 de 2005
Una mañana más, las sábanas amanecen empapadas. Una mañana más, te preguntas si será sudor, vodka, vómito o meado. Cuando el cerebro no ha terminado de arrancar resulta imposible distinguirlos.


Una mañana más, las sábanas amanecen empapadas. Una mañana más, te preguntas si será sudor, vodka, vómito o meado. Cuando el cerebro no ha terminado de arrancar resulta imposible distinguirlos.

Esta mañana te toca creer que es meado. Simplemente, te esperas lo peor y así no te decepcionas. No soportarías haber amanecido otra vez pringado de vómito, así que escoges la peor opción. Ni siquiera abres los ojos. Si no lo ves no puedes decepcionarte. Crees que es lo que quieres que sea y, ¡magia!, lo es. Hasta que abres los ojos. El truco es no abrirlos. No despertar del todo. En sueños, todo puede ser lo que quieras que sea.

Hoy es meado.

Apartas las sábanas muy despacio para no manchar lo que aún siga limpio. Te incorporas. El suelo está seco. Un punto más a favor de la teoría del meado. Si fuera vómito o vodka estaría por todas partes.

Sabes por experiencia que aún no hay que abrir los ojos.

Das un paso adelante y esperas que el suelo sostenga tu peso. Diriges el pie hacia algo que no sabes si está o no está. Supones que está. Esperas que esté. Normalmente, ahí está. Apoyas el pie y el suelo te manda un mensaje: “estoy aquí, voy a sostener tu peso”. Bien por el suelo. Buen chico. Probemos otra vez. Con el otro pie. Bien, no caes al vacío. Confirmado: el suelo está donde debería.

Sigues sin abrir los ojos para seguir siendo sólo una persona que se ha meado. Podría ser peor. Podrías ser un borracho asqueroso que no se acuerda de lo que hizo la noche anterior.

De camino al cuarto de baño, que está dentro de tu dormitorio, una gota de orina caliente te resbala por la pierna. Otro punto a favor de la teoría del meado. Si fuera sudor te resbalaría por el costado, o por la frente, o por la raja del culo.

Cuando llegas al baño no enciendes la luz. Da igual, vas a hacerlo con los ojos cerrados. No quieres descubrir que te equivocas. No te equivocas. Es meado. Levantas la tapa del retrete. Es el momento de intentar recordar qué hiciste la noche anterior. Si fuiste malo, el placer de mear te lo hará más llevadero. Había una chica. Misty, Mindy, Minnie, algo con Mi. El primer chorro escuece al salir, y le cuesta. La uretra está obstruida. Tuviste relaciones sexuales con la señorita Mi. Bien por ti. Por fin lo has conseguido.

El primer recuerdo es positivo, así que te animas a seguir recordando. Seguro que la señorita Mi tenía una cara, pero su imagen no aparece en tu disco duro. Tampoco recuerdas el sabor de su boca, ni de ninguna otra parte de su anatomía. Quizá fuera uno rápido, o uno para olvidar. Quizá tu cerebro te esté protegiendo del recuerdo de un polvo decepcionante.

El chorro se hace más vigoroso. La presión del vientre se convierte en un chapoteo en el retrete. Placer en estado puro, placer primigenio. Incluso con los ojos cerrados eres capaz de acertar. La práctica es un grado, decía Tim, tu amigo del alma.

El chapoteo de la orina en la taza se hace más y más débil. Se acerca el final. Las últimas gotitas. Fin del placer. Te la metes en los pantalones. Están húmedos. Has meado mucho esta noche.

Vas al lavabo y abres el grifo. El agua corre, cristalina, aunque no la ves porque sigues con los ojos cerrados. Es el momento de lavarte la cara. Después abrirás los ojos. Sigues sin recordar la cara de la señorita Mi. Sigues creyendo que es meado. En verano tienes que meter una botella en la nevera si quieres beber agua fresca. En invierno el agua ya sale directamente de la nevera. Juntas las manos formando un cuenco y las pones bajo el grifo. Es invierno. Cuando te echas agua en la cara no puedes reprimir un gemido. Te quedas parado unos segundos para comprobar si la señorita Mi se ha despertado. No la oyes. Quizá se fue cuando acabasteis. Chica lista. Se libró del meado.

Un segundo enjuague de la cara será suficiente para ablandar las legañas que mantienen tus párpados unidos. Segundo gemido. Te demoras un momento antes de abrirlos. Aún es sólo meado. Aún sólo eres uno que se ha meado. Aún no eres el borracho de siempre.

Finalmente, te armas de valor y los abres. En el espejo ves el reflejo de la cama. La señorita Mi es un bulto debajo de las sábanas de raso negro. Debe tener un sueño profundo.

Entonces te miras la cara. Ni siquiera con los dos lavados ha desaparecido toda la sangre.
Por Vermilion | # enlace | Comentarios (2) | Referencias (0) | En: Relatos

Comentarios

  1. Spirit dice:

    Grande, muy grande. Me ha encantado, Vermi, en serio. Sigue con ello, este blog va por buen camino.

    Ah, y esto solo ocurre en tu calenturienta mente de meoncete nocturno, que lo sepas.

  2. Vermilion dice:

    Lo sé, lo sé, pero es que los que no tenemos imaginación no podemos contar las cosas de la realidad de manera atractiva. Si hubiera conocido a uno que le hubiera pasado lo que le pasó al del relato de arriba, habría escrito algo como: "Pepe Pérez, en un delirio alcohólico, asesinó a una mujer con la que acababa de mantener relaciones sexuales y sólo fue consciente de ello al despertar la mañana siguiente, libre ya de los efectos del alcohol". Me resulta dificilísimo librarme de la realidad cuando escribo, así que me lo invento todo para no sufrir su interferencia.

    Otros (Crimson, el Pitufo Gruñón, el gordo mercedino) son inmunes a la realidad. No les afecta. Se la pasan por el forro, si quieren. O la deforman, si les da por ahí el aire. Yo no puedo. Si escribo sobre algo real no soy capaz de ignorar esa vocecita que me dice "no te salgas de los hechos".

    Mutilaciones causadas por una formación de ciencias. Ay, la mentira, la mentira.

    Pero gracias :-)

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