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El Bledo

1.- Planta de la familia de las quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos tres decímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos auxiliares. 2.- Cosa insignificante, de poco o ningún valor

Grandes desconocidos: Herbert von Bertosky

11, 15 de 2006-01-15 de 2006
Inauguro esta serie de divulgación cultural, cuyo objetivo no es otro que rendir justo homenaje a tantos auténticos genios desconocidos del arte que, por desgracia, han pasado desapercibidos para el gran público pero cuya obra será, más pronto que tarde, reivindicada.

Inauguro esta serie de divulgación cultural, cuyo objetivo no es otro que rendir justo homenaje a tantos auténticos genios desconocidos del arte que, por desgracia, han pasado desapercibidos para el gran público pero cuya obra será, más pronto que tarde, reivindicada.

¿Quién mejor para comenzar que el fascinante director de cine alemán Hernert von Bertosky (Munich 1901- Munich 1968), auténtico pionero del séptimo arte cuya obra ha quedado relegada a las videotecas y colecciones privadas más recónditas. Al margen de su biografía, llena de detalles curiosos (como, por ejemplo, el hecho de que fuera atacado por unos peces de acuario a la edad de siete años, a resultas de lo cual quedó ciego del ojo derecho), quisiera detenerme en su corta, pero estimulante filmografía.

Bertosky debuta en 1930 con un mediometraje titulado "29", que además de ser su edad en ese momento, los minutos de duración del film, y además el número de planos que utiliza el director. Aunque la difusa línea argumental del mismo (se trata del recorrido del tranvía número 29 de Munich, que recoge 29 viajeros que se van apeando, rodado prácticamente todo él en planos secuencia) titubea entre un protorrealismo y una dura crítica social (uno de los viajeros es un inmigrante polaco, lo cual se ha visto también como justificación a la posterior adhesión del bávaro al nacionalsocialismo), el resultado es embriagadoramente bello, lleno de sugerentes paisajes urbanos y una banda sonora de una fuerza espeluznante. El apoteósico final, con un enjambre de abejas furiosas atacando en masa a los viajeros, parece un auténtico presagio de la guerra que se avecina en Europa y las tácticas de la blitzkrieg empleadas por la Wehrmacht, amén de anticipar ya el que será tema recurrente en sus películas.

Aclamado por la crítica, vituperado por el público, Bertosky silencia su voz cinematográfica y calla durante siete años, que emplea en afiliarse al partido nazi, casarse con su tercera esposa, enviudar apenas un año después, y finalmente desafiliarse del partido y volver a casarse, para finalizar afiliándose por segunda vez y divorciándose y casándose de sus cuarta, quinta, sexta y séptima esposas. En 1938, en pleno orgasmo prebélico, el director muniqués rueda "Paz en la tierra", un falso documental de dos horas de duración sobre cría de abejas y conejos en la baja Sajonia, con la que irrumpe en la escena internacional gracias a sus contactos en el partido nazi, que catapultan su película al puesto número uno entre las más taquilleras en Alemania en a principios de 1938, en Checoslovaquia en 1939, en Polonia ese mismo año, en Francia en 1940 y en Rusia en 1941.

Convertido en un director de éxito, Bertosky rueda su trilogía "El éxodo hacia delante" entre los años 1942 y 1945, siguiendo la trama de un aspirante a apicultor que funda una compañía de baile clásico, es reclutado por la marina que termina sus días como banderillero en Madrid, tras una serie de peripecias que algunos autores reconocen como autobiográficas. Bert von Herbestky, el protagonista de "El éxodo...", recorre Europa malviviendo durante las nueve horas y media de metraje total, coleccionando muñecas de trapo, vicio inconfesable de su alter ego, sabiendo que en sus últimos años el director alemán llegó a tener más de seiscientas cincuenta muñecas de diversas facturas.

La estrella de von Bertosky comienza a declinar con la caída del nazismo. Cinco años habrá de esperar para estrenar la que sin duda es su obra maestra, "La infinita llanura del olvido", también conocida como "Janina", "Piedras de agua", "Calambres en los lacrimales", "Viktoria", "Hungría, Hungría, Checoslovaquia, Perú", aunque casi unánimemente catalogada como "La infinita llanura del olvido". Esta película tiene la particularidad de tratarse del primer film de la historia rodado para invidentes. Bertosky, que iba progresivamente perdiendo la visión de su ojo sano, decidió arriesgar el todo por el todo, y rodó el film con una banda sonora que incluía su propia voz describiendo las imágenes de la pantalla. Quizá fuese un fracaso, además de por su temática (otro falso documental sobre cría de abejas melíferas en los Alpes suizos), por su arriesgada visión narrativa, ya que durante la primera media hora está contada al revés, la segunda media hora es muda (salvo la voz en off narrando lo que puede verse en la pantalla) y la última hora está totalmente desenfocada, con la voz en off recitando discursos de Hitler con voz de falsete, alternadas con canciones típicas de la región de Baviera.

En 1959 dirige "Zumbidos", un arriesgado proyecto acerca de una abeja reina asesina de su hermana, legítima reina, descubierta finalmente por sus cien mil hijas que se fingían locas. La ausencia de diálogos y los frenéticos movimientos de cámara (que Bertosky reconoció directamente inspirados en el escozor de las picaduras) hacen de ella una película para minorías, vilipendiada e ignorada en su época. Amargado y casi en la ruina, dirige en 1963 "No se hizo la miel para la boca del asno", una fábula en la que un simpático borrico sufre la picadura de unas abejas asesinas en la lengua, por lo cual sufre una muerte atroz a manos de unos desaprensivos que lo confunden con un crítico de cine. Es un film desgarrador, que destila rabia, pero de una belleza plástica inigualable.

Desde esta película hasta su muerte, acaecida en Munich en 1968, condenado al más absoluto de los ostracismos, von Bertosky mantuvo una fluida correspondencia con varios autores alemanes, entre los que cabe citar a Fritz Lang. Incluso después de la muerte de éste, Bertosky continuó mandando una carta semanal a Estados Unidos, lo cual constituye el primer ejemplo de monólogo epistolar de la historia. En su autobiografía, "Donde los caballos relinchan", Bertosky reconoce que al no recibir respuesta, continuó mandando las cartas por costumbre al principio, y finalmente por hacer sentir culpable a Lang, ignorante de su deceso. También mantuvo fluida correspondencia con Fassbinder (aunque fuese una sola carta y se tratase de un anónimo amenazante por cuestiones de herencias), Preminger y una amigo imaginario de su infancia llamado Voeckel. Toda la correspondencia de Bertosky se caracteriza por estar escrita sin utilizar las letras "e", "r" y "w", además de estar escritas en un lenguaje inventado y llevar la firma de "Guggy, el fabricante de medias". Joyas de la literatura minimalista, pronto verán la luz en forma de libro.

Agobiado por sus penurias económicas, ignorado por la intelectualidad de la época, sin poder dirigir más películas, Bertosky fallece en agosto de 1968 a causa de una complicación de sus problemas de identidad, al escribir una última carta y cometer el error de escribir su propia dirección como destinatario y la del destinatario como remitente, con lo cual, tras recibirla una semana después, presa de la incredulidad al comprobar que el servicio postal seguía funcionando incluso en verano, falleció repentinamente.

De él nos quedan un puñado de películas visionarias, un tomo de cartas inapreciables y su enorme contribución a la historia de la apicultura.

Comentarios

  1. Talban dice:

    Todo un personaje, sin duda.

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