Horóscopo
5, 22 de 2006-01-22 de 2006
Ayer, a primera hora de la mañana, todavía medio dormido y sin demasiadas ganas de levantarme (bendito sábado), salí como cada fin de semana a buscar el periódico, la barra de pan y los cruasanes del desayuno. Mientras removía la leche con nesquik y bostezaba hasta desencajarme la mandíbula, me dio por leer, juro que por primera vez, el horóscopo que la mayoría de diarios incluye en sus últimas páginas (que para mí son las primeras, ya que leo el periódico desde la última página a la portada).
Ayer, a primera hora de la mañana, todavía medio dormido y sin demasiadas ganas de levantarme (bendito sábado), salí como cada fin de semana a buscar el periódico, la barra de pan y los cruasanes del desayuno. Mientras removía la leche con nesquik y bostezaba hasta desencajarme la mandíbula, me dio por leer, juro que por primera vez, el horóscopo que la mayoría de diarios incluye en sus últimas páginas (que para mí son las primeras, ya que leo el periódico desde la última página a la portada).
Eran apenas tres líneas, una treintena de palabras quizá, pero esa predicción vaga aunque promisoria tuvo en mí el efecto catalizador de una inyección de anfetaminas. Venía a decir, más o menos, esto: "Buena jornada en cuestiones económicas. Gozarás de buena salud, aunque cuidado con la garganta. En el amor, con pareja o sin ella, tendrás ganas de divertirte."
¡Cuánta felicidad en tan pocas palabras! Sin duda, la primera frase significaba que el indefectible ciclo de penurias pecuniarias tocaba ya su fin, y que pronto Bego y yo nadaríamos en la abundancia, pudiendo mudarnos a un precioso chalet, comprarnos un yate y vivir como realmente merecíamos. ¡Adiós, hipoteca a treinta (veintiocho) años! ¡Adiós, rebajas de Carrefour! ¡Adiós, descubiertos en el banco! ¡Hola, servicio doméstico! ¡Hola, "rincón del gourmet"! ¡Hola, cheques con muchos ceros! Llámenme iluso, pero esas pocas palabras escritas en offset en un áspero papel que parecía ya a punto de amarillear ejercieron en mí un influjo hipnótico, soñador, en la que ya me veía rodeado de lujo y oropel, limusinas, fiestas llenas de glamour y joyas y ferrero rocher, vacaciones en la Costa Azul, mayordomos y aviones privados, mientras deglutía mi nesquik y mis cruasanes y me imaginaba degustando champán, ostras y caviar beluga de ese de seiscientos euros los treinta gramos.
Además, asegurado ya el dinero a espuertas, los augurios con respecto a mi salud eran igualmente halagüeños, con lo que, firmemente convencido de mi fuerte constitución y mi vida larga, podía prepararme ya para una existencia de placeres inimaginables. ¿La garganta? Los foulards y las bufandas siempre me han encantado, y con un buen otorrinolaringólogo particular, seguramente podría capear ese temporal faringítico sin demasiados problemas.
Y teniendo dinero y salud... sólo me quedaba el frente del amor, que como muy bien me prometían los astros, con pareja o sin ella, me procuraría diversión sin límites, diversión que yo me imaginaba más sensual que emocional. Rico, de probada vitalidad, y con una vida sexual digna del protagonista de una película porno, me sentía como el dueño de la mansión de playboy, mientras untaba de margarina y mermelada de albaricoque mi segundo cruasán, hasta que se levantó Bego, vestida con su bata de color morado y sus chanclas, con cara de sueño.
- Muemos nías... - adiviné que murmuraba, y yo estaba a punto de contarle el futuro tan prometedor que nos aguardaba, cuando, entre bocado y bocado distraído de uno de los bollos, mi compañera de dichas y desdichas me miró y me habló muy claramente.
- Recuerda que hoy tienes que hablar con Guillermo sobre el chaqué de la boda de tu prima, acuérdate sin falta, a ver cuánto nos sale la bromita. Carmen me ha llamado, hay que pagarle el vestido y los zapatos, ¿puedes ir tú? Por cierto, ya que vas a salir, ¿puedes pasar por el hiper y comprar compresas de las de noche?
Casi me atraganté con el nesquik, pero eso no era todo.
- Oye, ¿por qué no nos quedamos en casa y vemos una película? Paula me ha dejado la de "Lost in translation", ¿sabes cuál es? Por cierto, ¿has avisado en el trabajo que el lunes no vas? A las ocho y cuarto tienes cita con el dentista por lo de la muela...
Fue en ese momento, en ese preciso momento, cuando me di cuenta de que la maldita boda de mi prima me iba a costar un mes de sueldo, de que tenía que ir al hipermercado a comprar productos de higiene femenina, con todo lo que ello implicaba, que iba a pasarme la noche del sábado en casa viendo una película insoportable junto a mi novia, y que el lunes tendría que darme un madrugón para volver a la clínica odontológica del doctor Mengele, cuando se me pusieron, literalmente, los mismos de corbata.
Y es que ya lo decía el horóscopo, "cuidado con la garganta".
Ayer, a primera hora de la mañana, todavía medio dormido y sin demasiadas ganas de levantarme (bendito sábado), salí como cada fin de semana a buscar el periódico, la barra de pan y los cruasanes del desayuno. Mientras removía la leche con nesquik y bostezaba hasta desencajarme la mandíbula, me dio por leer, juro que por primera vez, el horóscopo que la mayoría de diarios incluye en sus últimas páginas (que para mí son las primeras, ya que leo el periódico desde la última página a la portada).
Eran apenas tres líneas, una treintena de palabras quizá, pero esa predicción vaga aunque promisoria tuvo en mí el efecto catalizador de una inyección de anfetaminas. Venía a decir, más o menos, esto: "Buena jornada en cuestiones económicas. Gozarás de buena salud, aunque cuidado con la garganta. En el amor, con pareja o sin ella, tendrás ganas de divertirte."
¡Cuánta felicidad en tan pocas palabras! Sin duda, la primera frase significaba que el indefectible ciclo de penurias pecuniarias tocaba ya su fin, y que pronto Bego y yo nadaríamos en la abundancia, pudiendo mudarnos a un precioso chalet, comprarnos un yate y vivir como realmente merecíamos. ¡Adiós, hipoteca a treinta (veintiocho) años! ¡Adiós, rebajas de Carrefour! ¡Adiós, descubiertos en el banco! ¡Hola, servicio doméstico! ¡Hola, "rincón del gourmet"! ¡Hola, cheques con muchos ceros! Llámenme iluso, pero esas pocas palabras escritas en offset en un áspero papel que parecía ya a punto de amarillear ejercieron en mí un influjo hipnótico, soñador, en la que ya me veía rodeado de lujo y oropel, limusinas, fiestas llenas de glamour y joyas y ferrero rocher, vacaciones en la Costa Azul, mayordomos y aviones privados, mientras deglutía mi nesquik y mis cruasanes y me imaginaba degustando champán, ostras y caviar beluga de ese de seiscientos euros los treinta gramos.
Además, asegurado ya el dinero a espuertas, los augurios con respecto a mi salud eran igualmente halagüeños, con lo que, firmemente convencido de mi fuerte constitución y mi vida larga, podía prepararme ya para una existencia de placeres inimaginables. ¿La garganta? Los foulards y las bufandas siempre me han encantado, y con un buen otorrinolaringólogo particular, seguramente podría capear ese temporal faringítico sin demasiados problemas.
Y teniendo dinero y salud... sólo me quedaba el frente del amor, que como muy bien me prometían los astros, con pareja o sin ella, me procuraría diversión sin límites, diversión que yo me imaginaba más sensual que emocional. Rico, de probada vitalidad, y con una vida sexual digna del protagonista de una película porno, me sentía como el dueño de la mansión de playboy, mientras untaba de margarina y mermelada de albaricoque mi segundo cruasán, hasta que se levantó Bego, vestida con su bata de color morado y sus chanclas, con cara de sueño.
- Muemos nías... - adiviné que murmuraba, y yo estaba a punto de contarle el futuro tan prometedor que nos aguardaba, cuando, entre bocado y bocado distraído de uno de los bollos, mi compañera de dichas y desdichas me miró y me habló muy claramente.
- Recuerda que hoy tienes que hablar con Guillermo sobre el chaqué de la boda de tu prima, acuérdate sin falta, a ver cuánto nos sale la bromita. Carmen me ha llamado, hay que pagarle el vestido y los zapatos, ¿puedes ir tú? Por cierto, ya que vas a salir, ¿puedes pasar por el hiper y comprar compresas de las de noche?
Casi me atraganté con el nesquik, pero eso no era todo.
- Oye, ¿por qué no nos quedamos en casa y vemos una película? Paula me ha dejado la de "Lost in translation", ¿sabes cuál es? Por cierto, ¿has avisado en el trabajo que el lunes no vas? A las ocho y cuarto tienes cita con el dentista por lo de la muela...
Fue en ese momento, en ese preciso momento, cuando me di cuenta de que la maldita boda de mi prima me iba a costar un mes de sueldo, de que tenía que ir al hipermercado a comprar productos de higiene femenina, con todo lo que ello implicaba, que iba a pasarme la noche del sábado en casa viendo una película insoportable junto a mi novia, y que el lunes tendría que darme un madrugón para volver a la clínica odontológica del doctor Mengele, cuando se me pusieron, literalmente, los mismos de corbata.
Y es que ya lo decía el horóscopo, "cuidado con la garganta".