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El Bledo

1.- Planta de la familia de las quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos tres decímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos auxiliares. 2.- Cosa insignificante, de poco o ningún valor

TESTIMOÑOS

11, 01 de 2006-02-01 de 2006
- ¡Muy buenas tardes, señores telespectadores! Esta sobremesa tenemos en el Blog de Estulticia a Venancio Cascalleda Rebolledo, que tiene una interesante historia que contarnos. Buenas tardes y bienvenido, Venancio.

- ¡Muy buenas tardes, señores telespectadores! Esta sobremesa tenemos en el Blog de Estulticia a Venancio Cascalleda Rebolledo, que tiene una interesante historia que contarnos. Buenas tardes y bienvenido, Venancio.

- Buenas tardes.

- Y bien, Venancio, tengo entendido que hace un año que no te hablas con tu familia.

- Es verdad. Desde las pasadas Navidades. Las del año pasado, quiero decir.

- Pero eso no te impide vivir con ellos bajo el mismo techo.

- Correcto.

- Porque vives con tu esposa, tus tres hijos y sus respectivos cónyuges, y con media docena de nietos, ¿no es así?

- Y un perro de lanas.

- Y un perro de lanas, sí, cierto...

- Que se llama Rusky.

- Ahá, efectivamente, Rusky.

- Y bueno, no cuentan, pero tenemos también unos peces de colores que se llaman Nemo y Dolly...

- Vale, entendido. ¿Por qué no te hablas con tu familia, Venancio?

- ... y hablando de animales, mi cuñado...

- ¡Venancio! Que nos salimos del tema! ¿Por qué no te hablas con tu familia?

- ¡Ah, sí! Claro, para eso he venido, je je je, pues verás, resulta que mi familia, las pasadas navidades, frustró con alevosas intenciones nuestro suicidio colectivo.

- Vuesto suicidio colectivo.

- Efectivamente. Verás, yo pertenezco a la Congregación Espiritual de Aldebarán Cuatro - Segunda Expedición.

- Ah. ¿Y qué es eso?

- Pues un grupo de amigos que nos juntamos para cantar, hablar sobre el futuro y la religión y eso, y de paso, preparamos el viaje estelar para poder trascender nuestra mediocre existencia terrícola y pasar a formar parte de la energía mística y pura que son los aldebaraninos.

- Explícame eso.

- Pues verás, resulta que los aldebaraninos eran como nosotros, pero iguales que nosotros. Sólo que de repente descubrieron que para que la mayonesa no se corte hay que añadir el aceite gota a gota, y de repente se transformaron de seres corpóreos a un conglomerado de energía.

- Ah.

- Va en serio.

- Ya, sí, me lo creo, me lo creo. ¿Y cómo sabes eso?, quiero decir, ¿quién te lo dijo?

- Los aldebaraninos, mismamente. Siendo energía pura y mística, es muy fácil trascender también las reglas de las física, tal y como las conocemos. Nos visitan continuamente, porque siendo energía pura y mística, es muy fácil aparcar, incluso en hora punta.

- Ya.

- Que sí, que sí. Están entre nosotros, los aldebaraninos. No les podemos ver si ellos no quieren, porque son muy tímidos, ¿sabe? Y saben cosas. Saben , por ejemplo, que en realidad, mahonesa, mayonesa y bayonesa son la misma salsa.

- Oh.

- Va en serio. Pueden ser visibles o invisibles, y llevan años visitando la Tierra.

- ¿Y cómo es que no nos hemos enterado hasta ahora?

- Bueno, es que al principio preferían, ya sabes, entrar gratis en el cine, colarse de tapadillo en los vestuarios de las chicas, je je je, ese tipo de cosas. Luego se aburrieron y decidieron traernos la buena nueva.

- ¿La buena nueva?

- Sí. La buena nueva de que podemos ser como ellos.

- ¿Sí?¿Cómo?

- Pues muy fácil. Tenemos que romper los lazos que nos unen al cuerpo material y dejar que nuestra esencia de energía...

- ... pura y mística...

- ... eso es, pues eso, que se libere.

- ¿Y para eso es necesario...?

- Pues... a ver, dicen que el método más rápido es poner la cabeza en una vía de tren, y dejar que el cercanías te pase por encima.

- Caramba.

- Yo al principio no me lo creía, sobre todo porque lo decían entre risotadas, pero supuse que era porque en forma de energía eran muy felices. Pero la tira de felices.

- Y tú decidiste hacerles caso.

- Pues lógicamente. El gran maestre de la Congregación me sugirió la idea, así que cogí a mi familia y les prometí una sorpresa por Navidad, por lo que nos fuimos todos a la estación de Atocha y les dije lo que sabía.

- ¿Y ellos qué dijeron?

- Me llamaron loco borracho y se negaron a colaborar. Mi hijo el mayor, encima, me dijo que porque no quería trabajar, que si no, de casa se iba y todo.

- Qué malvados.

- Pues sí. Desde entonces, no nos hablamos. Y la culpa ha sido de mi nuera la pequeña, que es un mal bicho. Sólo sabe que malmeter, malmeter. Y esas paellas que hace, sin "socarrat" ni nada, qué castigo, dios mío. Yo ya les tenía medio convencidos, y casi no me hizo falta cloroformo... pero es que ella se empeñó en que no y que no, que el raíl estaba frío, que vaya horas para hacer estas cosas, que si no sería mejor por la mañana... y al final, entre pitos y flautas, pues dijeron que nada, que para hacerlo a disgusto, pues mejor que no.

- Claro.

- Si es que... uno solo quiere lo mejor para su familia, y mira cómo te lo agradecen...

- Claro que sí. Pero no te preocupes, Vicente...

- Venancio.

- ... eso, Venancio, porque tenemos lo que te hace falta. ¡Mira a la pantalla!

- Andaaaa...

- Efectivamente. Ahí está tu familia, atada, amordazada y colocada convenientemente sobre la vía donde el Talgo de Barcelona pasará, exactamente, o todo lo exactamente que la Renfe no has prometido, dentro de veinte minutos. Y fíjate, también tenemos a Rusky... A Nemo y Dolly, los pececitos, no, pero les hemos sacado de la pecera y les colgado del tendedero.

- Andaaaa....

- Viente minutos... ¡tiempo justo para que te unas a ellos, Venancio!

- ¡Oh! ¡Oh!... yo... no sé qué decir... qué... qué feliz me has hecho, de verdad...

- Para eso estamos, Venancio, para eso estamos...

- Esto es... esto es maravilloso... mira, tengo los pelos como escarpias, de verdad, se me saltan las lágrimas...

- ¡Animo, Venancio! Nuestros ayudantes te llevarán a la vía en un momento, y harás realidad tu sueño.

- Gracias... gracias...

- Gracias a ti, Venancio. ¡Un aplauso! ¡Adiós, Venancio, adiós! Y ahora, tenemos con nosotros a Avelino Panticosa, que ha confesado que un duendecillo amarillo irlandés con sombrero hongo le dijo que quemara torres de oficinas... ¡recibámoslo con un fuerte aplauso...!

Comentarios

  1. Talban dice:

    Pues yo tengo un presidente que también quiere ver galaxia... :D

  2. Holden dice:

    Jojojo... Está bien, me ha gustado, observo que bebes de la hora chanante y de los simpsons, y eso es bueno joven padagüan!!
    Voy a ver q más tienes x ahí que no me aptc trabajar.

  3. Crimson dice:

    Los Simpsons conozco, admiro y cito cuando puedo, lo de la hora chanante no tengo el gusto. Gracias de todos modos, tétrodo!

  4. Crimson dice:

    Gracias, tétrodo!

    Los Simpsons conozco, admiro, respeto y cito, pero lo de la hora chanante no tengo el gusto.

    De todos modos, gracias!

  5. Gelillo dice:

    Historia muy ocurrente y muy bien llevada (al más puro estilo talk show) Grandes dosis de humor y expresión literaria exquisita.

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