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El Bledo

1.- Planta de la familia de las quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos tres decímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos auxiliares. 2.- Cosa insignificante, de poco o ningún valor

Lagunas

9, 22 de 2006-04-22 de 2006
Últimamente tengo muchas lagunas. No son grandes, pero sí frecuentes. Intento recordar qué he hecho hace dos horas o qué me pasó el viernes por la tarde y no aparece nada. Cuando digo nada, quiero decir nada de nada, no la nada de Fantasía. En la Historia Interminable se sabía que la nada crecía y avanzaba. Se conocían sus límites. Esa nada existía, como si fuera un cuerpo celeste. La nada a la que me refiero con lo de mis lagunas es la nada absoluta. Hagamos un experimento: intenta no pensar en nada. Venga, no pienses en nada.

Últimamente tengo muchas lagunas. No son grandes, pero sí frecuentes. Intento recordar qué he hecho hace dos horas o qué me pasó el viernes por la tarde y no aparece nada. Cuando digo nada, quiero decir nada de nada, no la nada de Fantasía. En la Historia Interminable se sabía que la nada crecía y avanzaba. Se conocían sus límites. Esa nada existía, como si fuera un cuerpo celeste. La nada a la que me refiero con lo de mis lagunas es la nada absoluta. Hagamos un experimento: intenta no pensar en nada. Venga, no pienses en nada.

¿Ves? ¿Verdad que es imposible no pensar en nada? Pues a mí me pasa. Sé que el viernes por la tarde existió, pero ni lo recuerdo ni siento que yo estuviera entonces en ningún lugar del universo. Hasta hace unos meses me daba igual tener lagunas. Me había acostumbrado a ellas. Había renunciado a la posibilidad de encontrarles una explicación, igual que nos pasa a los del Aleti con eso de ser del Aleti. Pero ahora... creo que sé por qué tengo lagunas.

Supongamos que mi cerebro es un ordenador. Un clónico, baratito pero apañado. La configuración estaba bien hace un par de años, pero ahora se va quedando obsoleto. Es ley de vida. Pues bien, hasta hace unos meses, pensaba que mis lagunas eran paquetes de datos que no se grababan en la memoria. Algo así como si el ordenador se colgara y el usuario no se diera cuenta y siguiera introduciendo datos, datos que no llegaban nunca a entrar. No eran datos que se perdieran, sino datos que nunca llegaban. Eso eran las lagunas. Desde que empecé a escribir en este blog creo que esa explicación está equivocada. Creo que mi cerebro tiene dos particiones y dos sistemas operativos. Yo funciono cuando se conecta la partición C:, que tiene instalado un mísero Windows NT. Cuando arranca la partición D:, dejo de existir.

D: es Crimson, el co-autor de este blog. Yo soy Vermilion, C:. Yo soy Crimson y Crimson es Vermilion y Vermilion soy yo. Los dos somos la misma persona, pero no existimos a la vez. Si estoy yo, no puede estar él, y viceversa.

Hace unos meses, por casualidad, encontramos la manera de comunicarnos. Nos dejamos notas aquí, en este blog, igual que hacía Guy Pierce en Memento, pero sin amnesia. Leyendo las historias que cuenta Crimson me he dado cuenta de la cantidad de cosas que le pasan. Que ME pasan, sin yo saberlo ni vivirlo.

Cada laguna de mi cerebro se corresponde con una o miles de experiencias que tiene Crimson. Hay lagunas del tamaño de un charco y lagunas del tamaño del lago Michigan. Supongo que a él le pasa lo mismo. Pues bien, ya que tenemos este blog, propongo que lo aprovechemos. Voy a pedirte, Crimson, que, para empezar, me cuentes qué pasó el viernes pasado por la tarde. Si te apetece, hazme un resumen de 5º de E.G.B., que no lo tengo. Dime por qué Bego se pone hecha un basilisco cada vez que saco el tema de ir a visitar a mi prima Laura. Dime dónde demonios están mis calcetines de la suerte (si los has tirado, ve preparando una excusa para la meada que pienso echar esta noche en tu colchón). Dime si me gustó aquella primera vez, en el parque (que sepas que a ella -no sé su nombre- le pareciste un bruto insensible). Dime si los chismes que cuenta de mí la bruja del tercero tienen algo de verdad (si es así... ya te vale, tío). Dime el puñetero “pin” del móvil y te prometo que no lo cambio más. Dime cómo me hice esa cicatriz en la espalda. Dime por qué no soporto la simple mención de la salsa agridulce. Explícame qué es eso de ir a no sé dónde no sé cuándo a no sé qué.

Si tienes alguna pregunta, hazla. Tranquilo, mi vida es aburrida. Casi no me han pasado cosas. Aún así, pregunta lo que quieras.

¡Ah! Ya me olvidaba: Bego está embarazada.
Por Vermilion | # enlace | Comentarios (1) | Referencias (0) | En: El Otro

Comentarios

  1. Talban dice:

    ¿Embarazada? ¿Y de quién? Simple curiosidad cotillesca :D

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