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El Bledo

1.- Planta de la familia de las quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos tres decímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos auxiliares. 2.- Cosa insignificante, de poco o ningún valor

Lagunas (II)

4, 23 de 2006-04-23 de 2006
Todos tenemos de qué avergonzarnos. Yo, sin ir más lejos, me avergüenzo de no saber hacer una raíz cuadrada ni para salvar mi vida, de no ser capaz de dibujar con un mínimo de coherencia, de haberla chafado pero bien con una novia que tuve por ser un veleta, y sobre todo, me avergüenzo de tener tanta vergüenza.

Todos tenemos de qué avergonzarnos. Yo, sin ir más lejos, me avergüenzo de no saber hacer una raíz cuadrada ni para salvar mi vida, de no ser capaz de dibujar con un mínimo de coherencia, de haberla chafado pero bien con una novia que tuve por ser un veleta, y sobre todo, me avergüenzo de tener tanta vergüenza.

Laura es mi prima "la pequeña". Todo el mundo tiene primos "los pequeños". Es la hija menor del hermano menor de mi padre, y es la benjamina de ese grupo de primos que nos solemos reunir para bodas, bautizos, comuniones, navidades y todas esas cosas que la gente redicha denomina "fiestas de guardar". Ahora tiene veintidós años y estudia Imagen y Sonido en la Complutense. La última vez que estuviste en su casa, Vermillion, te acostaste con ella.

¡Ja! ¿Te lo has creído? ¡Qué más quisieras! ¡Rijoso! ¡Lúbrico! ¿Cómo has podido pensar...? Virgen Santa. ¿Con nuestra propia prima?

Laura nos invitó a cenar hacer tres fines de semana. Bego estaba algo cansada, pero accedimos, ¿recuerdas? Bueno, pues la cena fue de puta madre hasta que Laura y Bego se pusieron a discutir. ¿La razón? Joder, y yo qué sé. De repente yo estaba comiendo tiramisú en pleno Stalingrado, amigo mío. Al parecer Bego (que ya sabes que sus padres son de un pueblo de Vicaya y cómo se pone con algunas cosas) y Laura (de quien ya conoces sus ideas políticas y no seré yo quien la censure a estas alturas, pero comprende que siendo hija de quien tú y yo sabemos pues bastante tiene) tuvieron un encontronazo cuando el novio de Laura que ahora mismo no recuerdo bien su nombre si es David o Jairo sacó el tema de la tregua de los vascos.

Mira, ni siquiera yo lo tengo claro del todo. El caso es que de la tregua se pasó al nacionalismo, de ahí al clasismo, de ahí al egoísmo, de ahí al "contigo es que no se puede razonar" y de ese momento hasta el inevitable "no sé cómo mi primo te aguanta" medió un pequeño paso para las dos mujeres, pero un gran paso para mi cordura.

Cuando dos personas a quienes quiero mucho discuten lo paso fatal. No sé dónde meterme. Me pongo como un tomate, y habitualmente me pongo a concentrarme mucho en aquello que esté haciendo (en este caso, comer tiramisú, azucarar el café y bebérmelo a sorbitos) intentando fingir que todo va bien y que ni siquiera estoy prestando atención a lo que ocurre. Bueno, pues en la media hora que siguió a posar la taza, vacía ya, sobre el platito, y mirar con interés casi filatélico el papel pintado del comedor de la casa de mi prima, aquello fue como el desembarco de Normandía, las batallas de Braveheart y un combate de lucha femenina en el barro, todo a la vez. Se dijeron cosas que ofendieron incluso a mis oídos, curtidos en las barbaridades del Waje. Y terminó, querido Vermillion, cuando Bego decidió que "ni muerta quiero volver a ver a tu prima", aunque no sé si entrecomillar la frase es ajustado al espíritu de cita, porque las palabras fueron pronunciadas entre lágrimas de rabia (ya conocemos a Bego, ¿verdad?) y unos cuantos calificativos que, hey, no aprendió en nuestra casa.

Ya sabes que cuando una mujer, novia, compañera, pareja o como quieras llamarlo dice que no quiere volver a ver a alguien (obsérvese la primera persona del singular) significa, verbigratia, que no quiere que ninguno de los dos veamos a esa persona (primera persona del plural) ni tampoco que esa persona nos vea a nosotros (tercera persona del singular), ni que esa persona y tú os veais (segunda persona del plural). Ha sido todo un veto gramatical, querido Vermillion. Olvídate de Laura en una temporada, aunque yo la llamé al móvil ayer y he hablado con ella. Echa sapos y culebras por la boca, amigo.

¡Ja! Los calcetines de la suerte. Dios, Vermillion, están en el mismo cajón donde guardamos mi camiseta de los Ramones y mi colección de posavasos de cerveza. Ese cajón de madera que fue depositado con delicadeza en el contenedor hace por lo menos seis meses. Iluuuuso.

Recuerdo mi (nuestra) primera vez con ingenua nostalgia. Los detalles se me han escapado, porque no sé si fueron tres o fueron cuatro las veces que logramos percutir antes de liberar a nuestras tropas a una ignominiosa muerte por látex. Se llamaba Mónica, Vermillion, no seas cabrón. Precisamente hace año o año y medio estuvo en la consulta de Bego, y te la imaginaste durante un eréctil momento con la boca abierta de par en par por ese cacharro que usan los dentistas.

Sí, los chismes son rigurosamente ciertos. La quinta vez que el capullo del tercero me despertó a las siete y media del domingo con unas extrañas y (dada la duración y volumen del sonido) faraónicas obras en su piso, la noche del viernes siguiente puse los altavoces de la cadena pegados al techo y puse a Alien Ant Farm a todo trapo. Creo que eran las once y media. Puse el "Repeat", y creo que el disco sonó como tres o cuatro veces. El domingo pude dormir hasta las doce y media.

Del resto, pues creo que lo contaré en otras entregas. El pin del móvil es, como muy bien sabes, la fecha de nacimiento de Bego. El mes y el día, burro, en ese orden. Primero el mes, luego el día, con un hermoso cero delante.

El puck está en la mesilla, con la caja del móvil. De nada, de nada.

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