Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

El Bledo

1.- Planta de la familia de las quenopodiáceas, de tallos rastreros, de unos tres decímetros de largo, hojas triangulares de color verde oscuro y flores rojas, muy pequeñas y en racimos auxiliares. 2.- Cosa insignificante, de poco o ningún valor

Doctor, doctor...

11, 26 de 2006-04-26 de 2006
- Buenos días, doctor.

- Buenos días.

- ...

- ¿Sí? ¿En qué puedo ayudarle?

- Verá... es que... me da un poco de vergüenza comentarle mi problema.

- No se preocupe, caballero. Todos estos títulos, estos diplomas, le protegen. Mi férreo código deontológico impide que cualquier cosa que diga entre estas cuatro paredes prefabricadas salga de ellas. Todo quedará, como se suele decir, entre usted y yo.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días.

- ...

- ¿Sí? ¿En qué puedo ayudarle?

- Verá... es que... me da un poco de vergüenza comentarle mi problema.

- No se preocupe, caballero. Todos estos títulos, estos diplomas, le protegen. Mi férreo código deontológico impide que cualquier cosa que diga entre estas cuatro paredes prefabricadas salga de ellas. Todo quedará, como se suele decir, entre usted y yo.

- Oh. Fantástico.

- ¿Y bien? ¿Qué mal le aqueja, caballero?

- Pues verá, doctor. Hace tres meses me extirparon un quiste, un pólipo o algo así le llaman, en el intestino.

- Hmm... sí. Aquí lo veo, en su historial. Sí, un tumor benigno. La operación fue un éxito. ¿Qué le ocurre?

- Pues que quiero que me lo vuelvan a implantar.

- ¿Cómo?

- Pues eso. Que quiero que me lo vuelvan a implantar. Que desde que me quitaron el quiste, mi vida es un sin vivir.

- Pero... eso es una auténtica locura.

- Que no. Mire, yo ya no puedo vivir con esta angustia.

- ¿Angustia? Pero... ¿por qué?

- Pues para empezar, la compañía que me hacía, mire usted.

- ¿Compañía? ¿Un quiste?

- Sí señor, una compañía tremenda. Yo soy soltero, ¿sabe usted?, y cuando tenía hambre y estaba viendo la televisión, las tripas me hacían un ruidito y me daban así como unos calambracitos más gustosos... era como tener un perrito o algo así, que me recordaba pues las horas de ir a hacer de cuerpo, las horas de las comidas... más majo.

- Temo que esto me supera.

- ¡Que le estoy hablando en serio! Cuando me comía una fabada, ¡se me ponía el quiste más contento...! DSaba saltitos y regüelditos y le notaba yo juguetón. Ahora me aprieto dos platos de fabada con morcilla y media botella de sidra, y es como si me comiera huevos duros, doctor.

- Los huevos duros son muy buenos. Y si alguno sale malo, pues nada, unos azotes y verá como embuenece en un pis pas.

- No es ese el tema y no trate de aturullarme con tecnicismos y jerga médica. El caso es que no tengo yo alegría ni tengo nada, que estoy mustio y mohíno. Y además, por si ya fuera poco, está el tema de la conversación.

- ¿Hablaba usted con él?

- ¿Pero cree que estoy loco? No, digo la conversación con los demás. Que si qué tal de lo tuyo, Juan Luis. Que si me enterado que estás mal. Que si te van a operar. Y así, dale que dale, me entretenía yo subiendo el ascensor. ¿Pero ahora? Ahora tengo que hablar de que si el tiempo está bien, que si viene a llover, que si refresca. Vaya muermo. Y todo por su maldita operación. Está decidido. Quiero que me devuelvan mi pólipo.

- Verá... yo, por mí, le implanto el pólipo y aquí no ha pasado nada, pero es que su quiste me temo que no está aquí. Lo hemos tirado.

- ¿Cómo?

- Sí, lo hemos arrojado al contenedor de deshechos orgánicos. Comprenda que algo así no lo podemos guardar indefinidamente. Esto sería un caos administrativo. Esto no es un almacén de pólipos, hágase cargo. El ruido, el alimentarlos, cuidarlos, bañarlos, arroparles por la noches... ¡el presupuesto, amigo mío, el presupuesto!

- Jopé. De todos modos, ¿la operación no estaba en garantía?

- ¡Uh! Me temo que nuestra garantía sólo cubre las dos primeras semanas. Luego, si algo sale mal, pues tiene usted que abrirse usted mismo o pagar otra vez. Es un fastidio, pero es que si no, la gente se operaría por capricho para una boda o un entierro, y luego nos viene a que deshagamos lo hecho, hala, aprovechándose de la gratuidad. País de pícaros...

- Diga usted que sí. O sea que mi pólipo, a tomar por saco.

- ¿Con esas palabras? Sí.

- Pues sí que es un fastidio. Yo venía ilusionado del todo. ¿Es por el dinero? Porque yo tengo dinero... uh... a espuertas. No sé que hacer con él.

- Hombre... me ofende usted. En este país, nadie recibe mejor atención sanitaria, por mucho dinero que tenga, salvo que tenga muchísimo. Si es muchísimo, ya se hablaría. ¿Pero por mucho solamente? No, por mucho no. Por muchísimo. ¿Tiene usted muchísimo? Ya veo que no, con esa ropa que me lleva.

- Entiendo. Pero de todas formas, ¡exijo una satisfacción!

- ¿Cómo dice?

- ¡Que les voy a demandar!

- ¿Pero por qué?

- Por cortarme un pólipo y arrojarlo al guano como si fuera un deshecho.

- Bueno, es que era un deshecho, si hablamos con propiedad.

- Para usted que no lo conocía. Pero yo había tratado con él durante años y era más majo que un San Luis.

- Me deja usted sin palabras.

- ¡Lógico! Me han arrebatado algo muy importante para mí. Me siento como huérfano, como viudo, como un jardín sin sus flores, un Rómulo sin su Remo, un David sin su Goliath, un jamón sin su tocino.

- Ya, ya... me hago cargo.

- Ya puede hacerse. ¿Qué solución me da para mi problema?

- Pues no lo sé. ¿Por qué me cuenta a mí todo esto?

- ¿Cómo que por qué? Porque es usted mi médico.

- ¿Cómo que médico? ¿Por qué dice eso?

- No sé... la bata blanca y eso.

- No no no. Usted se confunde. Yo llevo bata blanca, pero no soy médico. Yo soy churrero.

- ¡Anda que confusión más tonta!

- ¿Verdad?

- Ya me puede usted perdonar.

- Nada, no es nada. ¿Unos churritos?

- No, no... es que estoy convaleciente de una operación de estómago y no me conviene.

- Ah, claro.

- Oiga, ¿usted no tendrá un pólipo así de sobra, no?

- No. Yo churros y porras y si acaso, unas patatas fritas.

- Huy, que va. En fin, doctor, que le dejo. Muchas gracias por todo.

- De nada, hombre. Por favor, enfermera. El siguiente.

- Hola, buenos días.

- Buenos días...

- ¿Una docena de churros, por favor?

- Cómo no, aquí tiene. ¿Se los envuelvo para regalo?

Comentarios

  1. Talban dice:

    Yo quiero media de los condimentos :D

Agregar un comentario


Recordar datos
¡Un solo click vale!

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009